viernes, 15 de marzo de 2019

LOS LÍMITES DEL PERDÓN
"EL GIRASOL"

Resumen:
Este dramático libro, nos cuenta una historia sobre un prisionero judío, Simón, y un soldado nazi, llamado Karl. Simón, permanecía en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Permanecía en él junto a sus dos amigos Arthur y Josek, los cuales también eran prisioneros de los nazis. Nos cuenta también su día a día y cómo era su trabajo allí, siendo víctima de los duros trabajos que los judíos debían hacer. 
Un día, eligieron a un grupo de judíos y en ellos estaba Simón. Los trasladaron a un hospital, el cual antiguamente era un Instituto Tecnológico. De camino al hospital, le llamó la atención un cementerio por el que pasó: era un cementerio que tenía un girasol plantado en cada tumba, pero él mismo sabía que no iba a acabar allí, ya que era judío. Cuando llegaron al hospital, le asignaron a cada hombre un propio trabajo: a Simón se lo llevó una enfermera, hacia una habitación. En ella, se encontraba Karl, un soldado nazi. Karl le confesó las maldades que había cometido a personas inocentes, y estaba muy arrepentido, por lo que poco después le pidió a Simón que lo perdonase. 
Al llegar de vuelta al campo de concentración, Simón fue a hablar con sus amigos para contarle qué había pasado con este soldado, porque no sabía si perdonarlo sería justo. Estos le dijeron que no sería justo perdonarle, por todo lo malo que había hecho al igual que cualquier soldado nazi. Al día siguiente, Simón volvió al hospital, pensando si Karl debía ser perdonado, pero ya fue demasiado tarde. Karl había muerto por la noche.
Pasaron dos años y Simón fue declarado libre y salió del campo de concentración. Decidió buscar a la madre de Karl para contarle sobre su hijo y qué pasó en el hospital, sin contarle nada sobre los actos que cometió. Finalmente, Simón nos pregunta qué hubiésemos hecho nosotros: perdonarle o no.

Opinión sobre Dalai Lama:
Dalai Lama es uno de los autores de este libro. Él nos cuenta que está bien el perdón hacia éstas personas criminales, pero una vez que hayan olvidado todas sus maldades y hayan sido capaces de arrepentirse, para que en el futuro no cometiera más nada del estilo. Nos lo relaciona con un hecho histórico como la invasión de China al Tíbet, donde murieron más de 1.2 millones de tibetanos, y sería peor enojarse y hacerles justicia, antes de saber perdonarlos.

Mi opinión:
Pienso que el perdón es la salida de todo problema entre dos o más personas, pero el límite del perdón tendríamos que ponerlo nosotros; es decir, aquel que haya cometido grandes maldades, debería arrepentirse al máximo y conseguir que aquellas personas doloridas sepan perdonarlo. El límite en este caso, sería no volver a hacer el mal en un futuro, ya que si fuese así, ésta persona no debería ser perdonada jamás.





RESUMEN DE LOS LIMITES DEL PERDÓN. ISA NOGUERA


Resumen del libro

Los límites del perdón es un libro que trata sobre personas nazis y un campo de concentración de judíos. Éstos vivían en muy malas condiciones.

Simón, junto a su grupo, al cual pertenecía Josek, que era un judío y Arthur que era un viejo amigo suyo.

Simón era judío y trabajaba allí en el campo de concentración. Estas personas tenían una vida pésima ya que trabajaban en las vías ferroviarias y aquellas personas que no servían para trabajar pues eran mandados a unas cámaras de gas para que allí murieran.

Él quería trabajar en el instituto tecnológico pero un día, lo llevaron hacia el hospital para cuidar a las personas enfermas y a los heridos. Había un soldado nazi, el cual se encontraba con todo el cuerpo vendado. La enfermera le dijo a Simón que pasase a la habitación, el lo hizo y la enfermera salió y los dejo a ellos dos solos. Karl le conto a Simón que él había engañado a muchos hombres, mujeres y niños en un edificio donde había barriles llenos de gasolina donde están personas entraban y ellos le tiraban granadas para que estallaran y las personas se murieran. Le dijo a Simón que por favor lo perdonara. Simón no sabía qué hacer y se fue sin decir nada. Entonces, cuando regreso al campo de concentración, al ver a sus amigos Arthur y Josek le conto lo que había pasado y ellos le dijeron que hizo muy bien en no perdonarle e irse de allí. A los pocos de días, Simón vio un coche fúnebre y la enfermera lo llamo para darle a él las pertenencias de Karl y el las rechazó.

Poco después, fue a casa de la madre de Karl para preguntarle por lo sucedido y el decidió no contarle nada a su madre ya que ella creía que su hijo era un buen hombre y no un asesino que mato a muchas personas.



Opinión del autor Smail Balic

Dice que después de casi 30 años, podemos recordar todos los acontecimientos. En esa época el autor estaba perseguido por la maquinaria destructiva de un régimen monstruoso. Por eso, cuando un soldado se ve atormentado de la mala conciencia y pide perdón no ve otra alternativa que la de la negación ya que Smail Balic hubiese hecho lo mismo.

Una vez que los alemanes se hacen amigos de los judíos, este hombre se limpia de pecado y se convierte en hombre nuevo porque Dios purga todos sus pecados.



Mi opinión

Estoy a favor con este autor ya que dice que cada uno es responsable de sus propios actos y nadie tiene porque cargar con las consecuencias de los demás. Yo pienso lo mismo ya que si yo hago algo malo, la otra persona no tiene por qué recibir las consecuencias, en éste caso sería yo. Al igual que si la otra persona hace algo malo, yo no tengo porque recibir sus consecuencias, seria ella.

Si es verdad que esto hace que nos pongamos en el lugar del otro y veamos cuál es la situación de esa persona y como se siente, pero en aquella época cualquiera confiaba de alguien.

Una vez que los alemanes se hacen amigos de los judíos y éste se limpia de pecados y se convierte en hombre nuevo, pero como he dicho antes, en aquella época nadie se fiaba de nadie. Los creyentes creen que solamente Dios es aquel que verdaderamente puede purgar todos los pecados y mediar sobre nosotros.

LOS LÍMITES DEL PERDÓN


RESUMEN: “El girasol”
En este libro se nos cuenta la historia ,en primera persona, de un judío de la Segunda Guerra Mundial llamado Simón Wiensenthal el cual estuvo obligado a estar en un campo de concentración nazi de Lemberg durante cuatro años.
Allí se encontraba con dos amigos que nos acompañan en la historia de este judío: Arthur el cual era un compañero de su universidad que esperaba algún día el castigo de los nazis mostrándose como la opinión de aquellas personas que no querían perdonarlos.
Por último, Josek, un hombre creyente en su religión que se mostraba en el papel de aquellas personas que perdonarían a los nazis y que no cuestionaba su fe pese a que le estuviera ocurriendo todas estas desgracias.
En el libro nos habla sobre el día a día de los judíos y de los trabajos inhumanos a los que se les sometían.
El nudo o parte central de la historia, se muestra en un día en que el protagonista, Simón, fue elegido junto a otros 50 judíos más para hacer un trabajo asignado por los nazis.
Cuando iban a llegar a su destino, Simón se fijó en un cementerio en el que cada tumba tenía un girasol; este se trataba de un cementerio de soldados de la SS que habían muerto durante este Guerra Mundial.
Esta fue sin duda la parte más impactante (en mi opinión) ya que nos cuenta que Simón se paró a pensar que al fin y al cabo todos morirán y por supuesto, no acabarían en una tumba como estos soldados.
Una vez que llegaron al hospital(lugar donde habían sido destinados para trabajar estos 50 judíos), al protagonista le dijeron que debía sacar del hospital los contenedores de basura por lo que  Simón empezó a trabajar.
Hubo un momento en que una enfermera le preguntó si era judío a lo que él lo afirmó.
La enfermera le llevó hasta unos malheridos para que los cuidase. Ahí conoció a Karl, un hombre de 22 años que tenía la cara y el cuerpo vendado.
Este le dijo que sentía la necesidad de contarle su historia para que al menos muriera en paz ya que estaba muy arrepentido; le contó todo a lo que estaba obligado a hacer y la historia de una de sus estancias en Rusia en la que muchas familias judías murieron por unas granadas.
A esto, se le sumaron muchas más terribles historias pero la que marcó un antes y un después fue la de un obús que cayó a su lado y que le llevó a estar en ese hospital. Al terminar, Karl le pide perdón al protagonista pero este no dice nada y finalmente volvió al campo de concentración. Al día siguiente volvió al hospital pero ya era demasiado tarde puesto que ya había fallecido y le había dejado todas sus pertenencias pero Simón no las quiere por lo que pasan a la madre de Karl. Además de esto, también murieron ambos amigos del protagonista.
Finalmente, Simón es liberado del campo de concentración de Mauthausen y decide visitar a la madre del soldado para dar finalmente su perdón o no dependiendo de sus hechos. Al final Karl fue perdonado y el autor nos plantea si fue bueno o no el silencia de Simón y que haríamos en su lugar
OPINIÓN DE ALAN L. BERGER
Este autor nos habla de las dos cuestiones que se nos plantea: ¿Fue correcto el silencio de Simón? Diferenciando el silencio en la cámara de la muerte del nazi moribundo y otra en presencia de la madre del muerto.
Pero la pregunta que da más para reflexionar sobre si perdonaría o no al nazi, él responde lo siguiente: “no perdones a los que no tienen perdón”. Además habla sobre los dos tipos de pecados en un judío, el pecado contra Dios y el pecado a otra persona.
Alan L. Berger opina que puede perdonar a otra persona si el daño se lo ha hecho a él, en cambio, si ha sido a otras personas ,no debe de perdonar por otros.
El autor con esto, se refiere a que Simón no debería haberle perdonado ya que eso pertenece a otros que sí les haya afectado directamente. Además, se pregunta de que si el arrepentimiento de Karl era sincero o no y de que si este arrepentimiento era porque sabía que tendría consecuencias sobre si iría al Cielo o no (ya que pronto iba a morir).
CRÍTICA AL AUTOR
Me encuentro a favor y en contra sobre ciertos aspectos del autor.
Primero de todo, me encuentro a favor de que el perdón de Simón no le correspondía sobre hechos que le han sucedido a otras personas pero eso no conlleva a que pese a que esté ya hecho el daño, Karl no tenga la oportunidad de arrepentirse y pedir perdón por haber hecho ese daño.
En cuanto al arrepentimiento, estoy un poco a favor porque nadie sabe si una persona está verdaderamente arrepentida o lo dice por miedo; pero en este caso, el nazi era católico y sabe que por mucho que quieras fingir un arrepentimiento, esto no le servirá en si irá al Cielo o no ya que Dios se supone que lo sabe todo asique ¿Por qué iba a estar mintiendo Karl?.

OPINIÓN PERSONAL
Este libro, pese a que era corto, muestra perfectamente ambos personajes (el nazi y el judío), siendo muy diferente a las muchas películas o libros que hayamos visto/leído, ya que se muestra una parte en la que el nazi está arrepentido por todo lo que ha hecho.
En cuanto a ponerse en el lugar de Simón, yo lo perdonaría.
Creo que todos tenemos la oportunidad de cambiar y de arrepentirnos de lo que hayamos hecho siempre que intentes demostrarlo y si es posible arreglarlo.
Es obvio que una vez que yo mato a alguien, ya no hay vuelta atrás, pero podemos arrepentirnos y pedir perdón. Es muy importante que si no hay arrepentimiento nunca habrá perdón.
Un fallo del hombre es que no tenemos toda la empatía que hace falta para ponerse en el lugar de ambas personas y saber decidir de si es una buena opción o no perdonar.
Nunca me ha surgido una situación así y antes de leer el libro, mi respuesta hubiera sido la siguiente: si ellos han hecho daño lo que se merecen es peor por lo que no los perdonaría NUNCA.
He de decir que he cambiado de opinión, creo que las personas pueden cambiar y pueden mejorar; el final de este nazi no fue bueno (por su muerte) pero seguro que, si hubiera seguido vivo, habría tenido una nueva vida, muy diferente, gracias al perdón de Simón.

Los límites del perdón, El Girasol.

Resumen del libro

Simón, un joven arquitecto, se ve obligado a cambiar su vida cuando es trasladado a un campo de concentración nazi.
Un día enviaron a un grupo de presos, entre los que se encontraba Simón, a trabajar en el ferrocarril, se les ordenó ayudar en un hospital cercano que había recibido a un grupo de soldados alemanes muy heridos, una enfermera llamó a Simón y esta, lo condujo por el interior del hospital hasta una aislada habitación. Este se asombró debido a que en su interior se hallaba un joven soldado de 22 años al que quedaba poco tiempo de vida. Su nombre era Karl, y su intención era morir en paz confesando por fin su profundo arrepentimiento  al participar en los cruentos planes de las SS. El moribundo comenzó contando a Simón su historia. Parecía un muchacho ejemplar, perteneciente a una familia socialdemócrata, estudioso, cariñoso y  fiel a su fe cristiana, que como muchos otros jóvenes de su época fue engatusado por el novedoso movimiento nacionalsocialista. Tras alistarse para ir a la guerra, Karl marchó de su casa dejando en su madre una gran tristeza. Tuvo que hacer cosas terribles que hicieron que ese chico ejemplar pasara a ser una persona odiada por muchos e incluso por él mismo. Su intención al contar todo esto a Simón no era otra que desahogarse y sobre todo pedir su perdón, al considerarlo un  representante de los judíos. Ante esto Simón siente lástima pero a la vez odio y coraje hacia lo que hizo Karl, no lograba entender por qué los asesinos como él, al morir, tendrían una tumba y un bello girasol que la adornaría y  que gente inocente tuviera que ser enterrada en fosas comunes.  En su confusión huyó sin responder al soldado. Simón le comentó el suceso a sus dos mejores amigos al volver al campo de concentración, éstos le decían que hizo bien en no perdonarle puesto que llevo a cabo acciones terribles contra inocentes, pero aunque en parte pudieran llevar razón, Simón pensaba que al no verse en su situación no le entendían y en el fondo sentía que no hizo lo correcto.
Durante años Simón sufrió, además de este cargo de conciencia, situaciones como las muertes de sus amigos y el paso por numerosos campos de concentración, pero al final logró sobrevivir y consiguió de nuevo su libertad al acabar la guerra, encontrando  un trabajo investigando los crímenes llevados a cabo por los nazis.
Un día decidió dirigirse hasta la casa de Karl, con la intención de averiguar si en verdad todo lo que el soldado le dijo era cierto, allí encontró a la anciana madre de éste que le recibió y le habló de lo bueno que fue Karl como hijo, haciendo ver a Simón que el joven moribundo fue sincero con él,  escuchando a la anciana pacientemente y, cuando ésta le preguntó de que conocía a su hijo, se vio obligado a mentir para no ensuciar la imagen que la pobre mujer tenía de su hijo.

Opinión de Edward H. Flanneray

Él dice que puede comprender la decisión que Simón tomo pero que le resulta imposible defenderla. Hay que tener en cuenta dos conceptos básicos para comprender la situación de Simón: Los aspectos psicológicos o emotivos de la situación y su significado ético y religioso. Dice que hay un concepto básico en la ética judeo-cristiana en la que dice que se debe conceder el perdón a los que se arrepienten de verdad. La única excepción de este concepto está escrito en el Nuevo testamento y alude al pecado imperdonable contra el Espíritu Santo. Y este pecado se produce cuando una persona rechaza a Dios y excluye cualquier posibilidad de perdón a los humanos. Según Jesús siempre hay que perdonar. Según Edward cuando Karl le pide perdón a Simón, no le está pidiendo que le perdone en nombre de todos los judíos o por todo el daño que le había hecho a los judíos sino únicamente por lo que él había hecho.  Por lo tanto este autor si que perdonaría a Karl, ya que este está totalmente arrepentido de lo que ha hecho. 

Mi opinión

En mi opinión, yo no estoy de acuerdo con la opinión del autor. Por muy arrepentido que estuviera el muchacho por todo lo que hizo, nada quita que lo hubiera echo y por mucho que alguien lo perdone, nada cambiaria, el mal que hizo sigue presente en la vida de otras personas que puede que hallan perdido a seres queridos por esas malas acciones que cometió. Si yo estuviera en la situación, no lo hubiera perdonado ya que me pondría en la situación de Karl y no sería capaz de perdonarme a mi misma por lo tanto no podría perdonarlo a él. Como dice Edward, yo también puedo comprender la decisión que toma él, pero me resulta imposible defenderla.

LOS LÍMITES DEL PERDÓN. 
Simon, fue un arquitecto judío que se encontraba en un campo de concentración de Lemberg. Él trata de sobrevivir en aquel lugar ya que lo único que recibía eran humillaciones, torturas y ver la exterminación de la raza judía por parte de los Nazis.
 Allí pudo establecer una amistad con dos prisioneros, Athur que era abogado y escritor y Josek, un creyente fiel a su religión.
Simon miraba rutinariamente el cementerio que se encontraba en frente del campo de concentración, donde había un girasol por cada lápida, girasoles que reflejaban la luz del día.
Un día el protagonista fue llevado al Hospital Militar. Una enfermera lo condujo hacía una habitación donde se encontraba un voluntario que pertenecía a las juventudes hitlerianas y que participó en la guerra y en lo ocurrido con los judíos. Este se llamaba Karl.
Karl le contó todo lo que hacían con el pueblo judío. El soldado lo que realmente quería era el perdón, quería el perdón de un judío (como representación de todos) para morir en paz ya que había sido dado por un obús. Simon escuchó todo lo que aquel soldado le decía pero no le dirigió la palabra y se marchó.
Cuando el protagonista vuelve al campo de concentración, le cuenta todo a sus compañeros y estos rechazan la idea de perdonarle por todas las aberraciones que habían hecho.
Karl murió y la enfermera acompañó a Simon a la habitación y le dijo que el soldado le había cedido todos sus bienes. Tiempo más tarde, Simon fue trasladado a otro campo de concentración, al de Mathausen. Este salió vivo ya que consiguieron la victoria de los Aliados frente a los Nazis.
Después de la muerte de Karl, Simon empezó a trabajar en una Comisión de Crímenes Nazis. Allí descubre a la madre de Karl.
 Simon se quedó pensando si debería de haber perdonado a aquel soldado, así que decidió ir en busca de la mujer. Su madre solo tenía palabras buenas hacía su hijo, cuando en realidad era todo lo contrario.
El protagonista pensó contarle la verdad a esa mujer, pero decidió no hacerlo para que siguiera teniendo ese orgullo hacía su hijo y dejar las cosas como estaban.

OPINIÓN SOBRE THEODORE M. HESBURGH.
Theodore sí perdonaría a Karl, ya que se trata de un sacerdote que prácticamente su labor es perdonar a todo aquel que está arrepentido de sus pecados. Para él, Dios es el máximo representante del perdón y según él debemos perdonarnos los unos a los otros. Theodore es consciente de que se trata de un pecado muy fuerte pero como Dios lo perdona todo, él también.

MI OPINIÓN.
Yo no comparto para nada la opinión de Theodore, ya que nadie tiene el derecho de quitarnos la vida por nuestras creencias o por nuestras nacionalidades. Para mí, no es una justificación el poner a Dios delante de cualquier atrocidad como la que hacían los Nazis con los judíos. Las personas no somos malas, pero por la sociedad y el tipo de pensamiento muchos nos convertimos en monstruos. Y sobre el libro, me parece un libro lleno de realidad. El protagonista hizo bien en no contarle toda la verdad a la madre de aquel soldado porque si lo hubiera hecho o no, las cosas iban a seguir siendo las mismas ya que allí, en esa época, los judíos no tenían derechos a absolutamente a nada, ni siquiera a la vida y los Nazis iban a seguir siendo lo que eran, una autoridad para los ciudadanos. 

Los Límites del perdón.


Para entender Los límites del perdón, hay que hacer referencia a la figura de Hitler. Hitler y los nazis hicieron responsables a los judíos tanto de la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial como de la crisis económica. Muchos creyeron en él y gracias a este mensaje y a la promesa de convertir a Alemania en un país fuerte y poderoso económicamente, Hitler y su partido alcanzaron el poder en el año 1933.
Los nazi pensaban que la raza aria era la mejor y los judíos pertenecían a otra, inferior. Este  pensamiento dio lugar al que quizás sea el crimen más grande de la historia. Campos de concentración como los de Auschwitz y Treblinka – Después de haberlos buscado en Internet, tengo como resultado 58 campos de concentración,   ,cámaras de gas, y el asesinato de seis millones de personas. Entre los supervivientes, se encuentra Simón Wiesenthal, autor de Los límites del perdón, cuyo contenido relata –antes de llevarnos al terreno en el que nuestra conciencia debe tomar una decisión-, las indescriptibles escenas de terror a las que millones de personas, a consecuencia de su origen, tuvieron que hacer frente como prisioneros de un campo de concentración.
Simón Wiesenthal, arquitecto, estudió en la ciudad polaca de Lemberg, en cuyas cercanías se encontraba ahora en condición de preso de un campo de exterminio alemán.
El autor nos cuenta cómo ya en su época de estudiante la llamada “juventud dorada” de Lemberg, se ensañaban contra los judíos estudiantes. De hecho habían creado el “día sin judíos” con la esperanza de reducir el número de licenciados judíos.
Entre los amigos de Simón Wiesenthal en el campo de concentración, se encontraban Josek y Arthur (con quien arrastraba una vieja amistad), Josek era judío y una persona  muy religiosa .Sin embargo, Arthur era una persona sumamente irónica y realista.
En los campos de concentración a los judíos se les humillaba de todas las maneras posibles. Los soldados de la SS se divertían pegando a los prisioneros , se les ahorcaba, pisoteaba, les soltaban perros adiestrados…
Los soldados de la SS formaban la policía militarizada del Partido Nacionalsocialista alemán, y fue creada como guardia personal de Hitler en 1922. Como organización fue condenada en el proceso de Nuremberg (1946), lugar donde se celebró el proceso contra los criminales de guerra nazis.
Durante una de las salidas del campo de concentración, Simón ve un cementerio con girasoles en las tumbas. Simón quedó hechizado con un concreto girasol –“recto y firme, nos dice, como un soldado”-, de vivos colores y con mariposas revoloteando a su alrededor -las cosas sencillas de la vida cobraran ahora una relevancia especial-.
Curiosamente, por primera vez Simón pensaba en la proximidad de la muerte. Los girasoles tuvieron un particular significado para él –eran la unión entre la vida y la muerte; entre la supervivencia y la aniquilación-, de manera que su imagen y su recuerdo permanecerían en su memoria con ocasión de acontecimientos posteriores. De hecho, reaparecen a lo largo de todo el libro.
Al llegar a su destino, su antigua Facultad reconvertida ahora en hospital, una enfermera pregunta a Simón por su origen judío. Momentos después tendrá lugar el insólito encuentro que inspirará, posteriormente, la historia de Los límites del perdón.
Después, Simón se encontraría ante un joven soldado de la SS, de 21 años, postrado en una cama y al borde de la muerte.
Karl, nombre del soldado de la SS, fue educado en la religión católica por unos padres “buenos y cariñosos”. De hecho, él mismo creía firmemente en Dios y en los mandamientos de la Iglesia cuando era niño. El párroco de su iglesia, donde habitualmente ayudaba, esperaba que algún día estudiara Teología. Pero Karl era joven, y como cualquier muchacho de su edad, anhelaba tener experiencias nuevas y conocer mundo, por lo que se afilió a las “Juventudes Hitlerianas” (organización cuya ideología se basaba en el odio a los judíos, convirtiendo a jóvenes en asesinos. Todo lo que sabía Karl sobre los judíos provenía del adoctrinamiento y de una venenosa propaganda nazi, según la cual, eran culpables de todas sus desgracias). Hecho que, además de disgustar a su madre, le hizo merecedor de la enemistad de su padre, quien le retiraría la palabra de por vida.
Karl confiesa a Simón un terrible crimen cometido un año antes, que según dice, “le tortura y sin cuyo relato no podría morir en paz”. El joven soldado cuenta cómo se alistó como voluntario en la SS y tras unirse a una unidad de asalto, llegan a la ciudad ucraniana de Dnepropetrowsk, donde un edificio con unos 200 judíos en su interior y previamente minado con bidones de gasolina, es incendiado por los soldados de la SS (incluido Karl). Para escapar del infierno, familias enteras saltan por las ventanas envueltos en llamas en medio de los disparos de la SS. Y una de estas familias con su hijo en brazos, ardiendo y presa de la desesperación, quedará grabada para siempre en la memoria del soldado moribundo.
Es una imagen que le atormentará incluso en el frente, cuando es herido mortalmente por un obús. A pesar del sufrimiento que la metralla le ocasionaría –su cuerpo estaba hecho trizas-, el peor de los dolores sería causado por su conciencia -“No puedo morir… sin lavar mi conciencia…”, decía. Por lo que el herido pidió a Simón, en su calidad de judío, que le perdonase de su horrendo crimen. A continuación, Simón guardó silencio y se marchó, rehusando posteriormente las pertenencias que le había legado durante sus últimos minutos de agonía.
A estos sucesos siguieron años de sufrimiento y de muerte. Arthur murió en brazos del autor. Josek, enfermo y sin fuerzas, murió víctima de un tiro de la SS, como “castigo por ser un gandul”. La cámara de gas funcionaba ahora sin descanso, -nos cuenta estremecedoramente Simón-, y muchos más, serían fusilados.
Finalmente, Simón es liberado del campo de concentración de Mauthausen, donde experimentó sus últimas humillaciones, pero la duda y preocupación por el encuentro con el joven soldado de la SS, era constante y permanente. Lo que le llevará a Sttugart, a encontrarse con la madre del joven soldado fallecido.
Simón tiene ahora ante sí a una débil anciana, ya viuda y profundamente abatida por el dolor, destrozada por el recuerdo de su marido y de su hijo -“era un muchacho encantador,…un gran muchacho…que nunca había hecho nada malo”, le manifiesta. Convencido de que tenía ante sí a un ser bondadoso, Simón siente lástima y compasión por ella y se despide sin quebrantar la fe que tenía en la bondad de su hijo.
Tras la liberación, sin familia y sin hogar (recordemos que Simón perdió prácticamente a toda su familia, parientes y amigos), Simón Wiesenthal invirtió el resto de su vida investigando a criminales de guerra nazis, a fin de que fuesen llevados ante la justicia.
Su trabajo llevó al arresto de numerosos criminales destacados, conocidos líderes de la Gestapo, notorios –por su crueldad- comandantes y guardias de campos de concentración … recibiendo
–inexplicablemente, a mi juicio-, algunas críticas por su lucha. Críticas que fueron contestadas con el argumento de que semejante barbarie jamás volviera a repetirse, “debía hacerlo para que la gente no olvidara”, declaró en cierta ocasión Simón Wiesenthal.
Finalmente el autor nos plantea una difícil y complicada tarea que consta de dos  partes. La primera, juzgar si su comportamiento –su silencio-, fue correcto o incorrecto. Y la segunda, imaginar mentalmente la situación vivida por Simón y contestar a la pregunta, qué habría hecho el lector en su lugar.


AUTORES ELEGIDOS

Aunque se nos pedía elegir un autor, yo he querido hablar de 2, ya que sus argumentos me convencen de una manera u otra.

Mark Goulden es el primer autor que he elegido, ya que creo que ningún otro autor responde de forma tan clara al dilema que expone Simón.
Este periodista británico , expone con claridad la evidencia de unas terribles atrocidades que el mundo ha tratado o trata de olvidar. Reflexiona en torno al olvido.  

Desde mi punto de vista creo, como el autor, que las sociedades del ahora, intentamos vivir ajenos a las guerras que ocurrieron hace no tanto como parece. 
Al igual que el autor, pienso que el mundo no debe olvidar lo ocurrido para que no suceda nunca más. Olvidar los hechos equivaldría a olvidar a las víctimas, su sufrimiento y su dolor. Además, coincido no sólo con Mark Goulden, sino con la mayoría de los autores, en que no se puede ofrecer una respuesta genérica a la cuestión que nos plantea Simón Wiesenthal. Es una disyuntiva que requiere una respuesta individual, que, a mi parecer, resultará influida por la educación, los valores, los principios, las creencias y las experiencias personales de cada uno.


Para terminar, he elegido a Albert Speer, que obedece a la  sensación que produce encontrar a alguien que, por decisión propia, reconoció, en los Juicios de Nuremberg, su responsabilidad por los crímenes cometidos. Arrepentido de sus actos.
Destacar la fortaleza moral de Simón Wiesenthal, que tuvo la valentía de sentarse frente a frente con su “verdugo”.
 Coincido con este autor en que la actitud de Simón fue humanitaria y bondadosa, tratando de ayudar a Speer en vez de reprocharle las miserias sufridas. Fue tolerante y compasivo, aliviando la culpa moral de una figura destacada del nazismo.

OPINIÓN PERSONAL

Hay muchos autores que dan sus argumentos, en la segunda parte de “Los límites del perdón” por lo que podré inspirarme en ellos. Además, he de decir que la lectura de dichos argumentos me ha resultado bastante interesante, al igual que la primera parte del libro.
Para empezar, he de decir que he estudiado en un colegio religioso y vengo de una familia católica por lo que he tenido, desde siempre, principios y valores cristianos. Por lo que creo que mi opinión debe ser dada desde el punto de vista de mis creencias y mi educación.
                Pues bien, para mi religión, la Iglesia posee el poder de perdonar los pecados a través del sacramento de la penitencia. La penitencia o confesión supone borrar los pecados tras un examen de conciencia.
                Recordemos pues, que el soldado Karl examinó en su interior y, podríamos pensar que motivado por la educación cristiana recibida cuando era niño, encontró que una de sus acciones atormentaba su conciencia, sentía un profundo dolor por esta acción y en su confesión había un sincero arrepentimiento. Lo que no sabemos, es si de haber sobrevivido no hubiera seguido cometiendo crímenes y si hubiera estado realmente arrepentido del mal causado.                Que se debe conceder perdón a los que se arrepienten sinceramente, es un pensamiento que comparte tanto la ética cristiana como la judía. Sin embargo, en mi opinión , nadie que nunca haya estado en una situación tan complicada como la de Simón puede, juzgar su “silencio” junto al soldado moribundo.
Por esta razón, no sé si realmente perdonaría o no, ya que no sabemos cómo reaccionaríamos a dicha situación. Creo, que ante todo, reaccionaría según mis principios y lo perdonaría, ya que creo que debemos perdonar si se está realmente arrepentido, porque cualquiera en algún momento de su vida puede equivocarse, aunque es verdad, que no podemos comparar cosas del día a día con estas atrocidades.


Los límites del perdón


Resumen del libro

Simon es un judío que esta recluso en un campo de concentración Nazi, en Lemberg. Simon era arquitecto. Siempre hacía trabajos forzosos con el resto de reclusos, pero un día, cuando acabó de trabajar en los ferrocarriles se lo llevaron a un hospital. Una vez allí le preguntaron que si era judío, y el dijo que si. La enfermera le ordenó que la acompañara y se lo llevo a una sala donde había un hombre tapado con una sabana. El hombre tenia toda la cara cubierta con vendajes y estaba al borde de la muerte. Karl, el nazi que estaba apunto de morir, le pregunta a simon si lo perdonaría tras todos los malos actos que a cometido. Simon salió corriendo y se lo contó a sus amigos en el campo de concentración, estos lo apoyaron al no perdonar al oficial nazi. Al día siguiente se enteró de que el nazi había muerto y que le había dejado todas sus pertenencias, pero simon las rechazó. Cuando acabó la guerra Simon buscó a la madre de Karl y estubo hablando con ella, pero no fue capaz de contarle lo que su hijo le contó. Finalmente se preguntó a si mismo si debería haberlo perdonado.

Theodore M. Hesburgh

El dice que no es nadie para aconsejar a una persona de otra religión que a sufrido tanto, pero que el perdonaría porque es sacerdote católico y es su trabajo.

Opinión sobre el autor

No estoy de acuerdo porque no puede perdonar solo por que sea sacerdote. No se puede perdonar a una persona que le a quitado la vida a otras muchas.